7.13.2006

El campeonato de la felicidad

Los filósofos de la antiguedad, el renacimiento, la edad moderna e incluso los de nuestra época siempre se han preguntado si existe una clave para la felicidad o, mejor aún, si la felicidad completa es posible. De hecho, no sólo ellos se han hecho esa pregunta. Considero que al menos una vez a la semana el cada uno de nosotros, sin distingo, se pone a pensar cómo alcanzar la felicidad o como estar siempre felices... Cosas de nosotros los humanos...

Entonces, imaginense la sorpresa que me llevo hoy al descubrir el estudio que dice que los colombianos somos los más felices. ¿Cuando hicieron esa encuesta? ¿Qué empresa adelantó la muestra? No fue Napoleón Franco, ni tampoco el Centro Nacional de Consultoría, menos el famoso EGM, porque este como me lo enseñaron en la universidad es un estudio de consumo y yo no consumo felicidad (si acaso licor para alegrarme, pero ese es otro cuento), en realidad ni siquiera fue un empresa colombiana, fueron la New Economics Foundation (NEC) y el grupo ambientalista Friends of the Earth los desocupados que se pusieron a crear un cifra de inmensa utilidad para la humanidad: El Ranking de los países más felices.

Lo sorpendente del asunto es que incluso hayan encontrado la ecuación para medir la felicidad, algo que hasta donde sabía era científicamente imposible de medir. El asunto es así. Usted coge y le pregunta a una persona de un país si es feliz o no, esa opinión la multiplica por la duración media de la vida en ese país (enhorabuena por el DANE teníamos las cifras actualizadas con el Censo) y todo lo divide por el impacto ambiental del susodicho país. Facil, no?

Ahora, la pregunta que surge es ¿a qué colombiano le preguntaron si era feliz o no? ¿Y en qué grado de felicidad habrá asegurado vivir para que nuestro país haya tenido el honor de ubicarse en la segunda posición de este ranking? Creo que si el encuestador hubiera ido al Ciudad Bolívar o a Patio Bonito tal vez la felicidad no habría sido tanta. A menos que la encuesta fuera hecha un día de elecciones cuando tanta lechona y mercado salen a pasear por allí.

Ahora, algo sí queda claro y es que nada que logramos el primer lugar en nada. Parafraseando a mi respetado e idolatrado Patton "nosotros segundones siempre", aunque siendo honestos, yo también viviría feliz en una isla del Pacífico al borde de una playa, rodeado de árboles y sin un solo soldado jodiendo por ahí.

7.12.2006

¿Me das un consejo?

Detesto preguntarle a la gente "cómo estás". Muchas veces tan sencilla y formal pregunta abre paso a una desgraciada respuesta que a lo único que lleva es a nuevos interrogantes sobre el estado de ánimo de la otra persona, los más recientes avatares de su vida, enfín, asuntos que en la mayoría de los casos no me interesan.

Y es que definitivamente algo de misántropo debo tener porque no hay cosa más dramática para mi que tener que ocuparme de las vidas de los demás cuando ya tengo una y que, por demás, me cuesta bastante vivir. Las típicas frases de "dame un consejo" o "mira que tengo un problema" me parecen espantosas. No soy sicólogo, no soy siquiatra y nunca vi la cátedra de Consejos para Dummies. No sé cual es la manía que tiene la gente de buscar que uno les resuelva sus problemas cual si sus vidas fueran más sencillas que la de uno.

Si supiera dar consejos cobraría por ello. Más o menos como lo hacen los famosos tarotistas o quirománticos quienes en mi opinión más que grandes maestros de adivinación no son más que sujetos con un desarrollado sentido común. Es más a partir de la fecha prometo que cuando me pidan un consejo voy a contestar como si fuera Mavé o el tal Salomón (sí el de la televisora):

- ¿Me da un consejo? ¿Cómo hago para caerle a tal vieja?
- Claro, mire, confie en usted y verá que le sale el cuento.

Así, sin pistas. O, más bien, despistando, me voy a dedicar a dar consejos. Que la gente quede casi igual que como llegó, pero al menos yo permanezca con la mente limpia de haber ayudado sin esforzarme ni comprometer mi credibilidad.