El campeonato de la felicidad
Los filósofos de la antiguedad, el renacimiento, la edad moderna e incluso los de nuestra época siempre se han preguntado si existe una clave para la felicidad o, mejor aún, si la felicidad completa es posible. De hecho, no sólo ellos se han hecho esa pregunta. Considero que al menos una vez a la semana el cada uno de nosotros, sin distingo, se pone a pensar cómo alcanzar la felicidad o como estar siempre felices... Cosas de nosotros los humanos...
Entonces, imaginense la sorpresa que me llevo hoy al descubrir el estudio que dice que los colombianos somos los más felices. ¿Cuando hicieron esa encuesta? ¿Qué empresa adelantó la muestra? No fue Napoleón Franco, ni tampoco el Centro Nacional de Consultoría, menos el famoso EGM, porque este como me lo enseñaron en la universidad es un estudio de consumo y yo no consumo felicidad (si acaso licor para alegrarme, pero ese es otro cuento), en realidad ni siquiera fue un empresa colombiana, fueron la New Economics Foundation (NEC) y el grupo ambientalista Friends of the Earth los desocupados que se pusieron a crear un cifra de inmensa utilidad para la humanidad: El Ranking de los países más felices.
Lo sorpendente del asunto es que incluso hayan encontrado la ecuación para medir la felicidad, algo que hasta donde sabía era científicamente imposible de medir. El asunto es así. Usted coge y le pregunta a una persona de un país si es feliz o no, esa opinión la multiplica por la duración media de la vida en ese país (enhorabuena por el DANE teníamos las cifras actualizadas con el Censo) y todo lo divide por el impacto ambiental del susodicho país. Facil, no?
Ahora, la pregunta que surge es ¿a qué colombiano le preguntaron si era feliz o no? ¿Y en qué grado de felicidad habrá asegurado vivir para que nuestro país haya tenido el honor de ubicarse en la segunda posición de este ranking? Creo que si el encuestador hubiera ido al Ciudad Bolívar o a Patio Bonito tal vez la felicidad no habría sido tanta. A menos que la encuesta fuera hecha un día de elecciones cuando tanta lechona y mercado salen a pasear por allí.
Ahora, algo sí queda claro y es que nada que logramos el primer lugar en nada. Parafraseando a mi respetado e idolatrado Patton "nosotros segundones siempre", aunque siendo honestos, yo también viviría feliz en una isla del Pacífico al borde de una playa, rodeado de árboles y sin un solo soldado jodiendo por ahí.
Entonces, imaginense la sorpresa que me llevo hoy al descubrir el estudio que dice que los colombianos somos los más felices. ¿Cuando hicieron esa encuesta? ¿Qué empresa adelantó la muestra? No fue Napoleón Franco, ni tampoco el Centro Nacional de Consultoría, menos el famoso EGM, porque este como me lo enseñaron en la universidad es un estudio de consumo y yo no consumo felicidad (si acaso licor para alegrarme, pero ese es otro cuento), en realidad ni siquiera fue un empresa colombiana, fueron la New Economics Foundation (NEC) y el grupo ambientalista Friends of the Earth los desocupados que se pusieron a crear un cifra de inmensa utilidad para la humanidad: El Ranking de los países más felices.
Lo sorpendente del asunto es que incluso hayan encontrado la ecuación para medir la felicidad, algo que hasta donde sabía era científicamente imposible de medir. El asunto es así. Usted coge y le pregunta a una persona de un país si es feliz o no, esa opinión la multiplica por la duración media de la vida en ese país (enhorabuena por el DANE teníamos las cifras actualizadas con el Censo) y todo lo divide por el impacto ambiental del susodicho país. Facil, no?
Ahora, la pregunta que surge es ¿a qué colombiano le preguntaron si era feliz o no? ¿Y en qué grado de felicidad habrá asegurado vivir para que nuestro país haya tenido el honor de ubicarse en la segunda posición de este ranking? Creo que si el encuestador hubiera ido al Ciudad Bolívar o a Patio Bonito tal vez la felicidad no habría sido tanta. A menos que la encuesta fuera hecha un día de elecciones cuando tanta lechona y mercado salen a pasear por allí.
Ahora, algo sí queda claro y es que nada que logramos el primer lugar en nada. Parafraseando a mi respetado e idolatrado Patton "nosotros segundones siempre", aunque siendo honestos, yo también viviría feliz en una isla del Pacífico al borde de una playa, rodeado de árboles y sin un solo soldado jodiendo por ahí.
